24 febrero, 2010
Sarah Kane, "Crave"
06 junio, 2009
27 abril, 2009
Melancolía de mujeres analógicas
Me encuentro con un viejo compañero de la primaria que no veía desde los años ochenta, y del que tuve noticias a través de una red social. Nos citamos en un bar del centro, nos palmeamos con cariño falso, pedimos unas cervezas. Le digo: “Qué increíble, para lo que acaba sirviendo Facebook”. Se ríe fuerte, como si le estuviera tomando el pelo: “Si Facebook sirviera solamente para encontrarme con vos, gordo boludo —me dice—, yo no tendría banda ancha en casa. A mí Facebook me cambió la vida, pero de verdad”.
—¿Para tanto? —le pregunto.
—Mirá para afuera —me explica—. Imaginate que todas las mujeres que están pasando ahora por la calle tuvieran un cartel en el culo que dijera ‘estoy en una relación complicada’, o ‘soy soltera’, o ‘solamente busco amistad’, o incluso ‘me interesan los hombres y también las mujeres’…
Hago lo que dice mi amigo: miro por la ventana del bar hacia la calle y veo la primavera de Barcelona en su esplendor: holandesas, suecas, nativas, maduras y jovencitas, diferentes colores y tamaños; hay de todo en la viña del Señor.
Mi amigo me aprieta el brazo y me dice:
—Imaginate que aquella que está por cruzar la Diagonal tuviese un cartel que dijera: ‘Hace doce días que estoy deprimida’. Tener esa data de primera mano, Hernán, hacer cálculos mentales y abordarlas a todas.
—Te estás excitando, calmate —le digo a mi amigo.
Pero él sigue con su verborrea:
—¿Cuánto hubiéramos simplificado el enfoque de la seducción, hace diez, hace quince años, de haber tenido esos guiños entre las conocidas del colegio, de la universidad, de las compañeras de trabajo, de las ex novias?
Me lo imagino; mi amigo tiene mucha razón.
—La mujer analógica, la del siglo pasado, esperaba que vos te dieras cuenta de ciertas cosas. ¿Te acordás las preguntas que uno se hacía antes? ¿Tendrá novio Estelita? ¿Qué música le gustará? ¿Será buen momento para abordarla? —rememora mi amigo— Ahora la mujer digital te lo indica en el perfil del Facebook. Cualquier conocida de la oficina, cualquier amiga de una amiga, te avisa si se peleó con el novio, te explica si le gusta Neruda o si le gusta Bucay, te pone fotos de las vacaciones en Ibiza, para que la veas medio en bolas…
Cierra los ojos y sonríe. Continúa:
—¿Cuánto tardábamos, en los ochenta, para ver en bikini a la chica que nos gustaba? ¡Había que esperar al Día de la Primavera, que alguna se emborrachaba en el parque, o a que te invitaran a una pileta en verano! No, Gordo, la vida mejoró mucho…
—Bueno, pero supongo que tampoco será tan fácil.
—Hay desventajas, claro —matiza—. Te podés ensartar, como toda la vida. Te podés despertar con un bicho a la mañana siguiente… Pero en Facebook hay escaramuzas, hay trucos que te proporciona la experiencia.
—¿Por ejemplo?
—Alejate de las mujeres que ponen la fecha de nacimiento sin indicar el año: a ésas ya se les cayeron las tetas. Escapá de las que cuelgan muchas fotos de sus mascotas: son depresivas. Ni se te ocurra encarar a las que te parecen lindas pero tienen todas las fotos en contrapicado: son gordas con complejo de papada. Si dicen estar “en una relación difícil” y tienen más de treinta fotos besando al mismo tipo, en diferentes épocas, borrate: después de coger, lloran.
—Impresionante —le digo con sinceridad.
—Hay que estar atento a las que, en la imagen del perfil, ponen una foto sacada por ellas mismas en el baño. A ésas, les decís cuatro piropos en el Muro y las tenés comiendo alpiste. Atento a las que ponen fotos viajando por el mundo con una amiga, siempre la misma amiga: son fiesteras. Pero ojo —matiza mi amigo—: tiene que ser fotos por el mundo; si viajan por su propio país, son histéricas. A las que ponen una imagen de ellas cuando eran chiquitas, en color sepia, les gusta el sexo duro. Las que dejan vacío el ítem sobre intereses musicales, prefieren pagar el hotel a medias.
Mi antiguo amigo de la primaria me atiborró de consejos, pero sólo me acuerdo de estos pocos para compartir hoy con ustedes. Habló durante más de una hora, sin parar. Y después dijo que debía irse a una cita con una mujer que había conocido en la estación Verdaguer.
—Me tiemblan las manos —me confesó antes de salir del bar—. Esta mujer que conocí en el metro me dice que no tiene Internet. No sé nada de ella, nunca vi fotos, no sé de qué carajo le voy a hablar.
—¿Y para qué vas, entonces?
—Es que últimamente me calientan mucho las mujeres analógicas. Tienen olor a infancia.22 abril, 2009
En mi...
No necesito verte más,
al menos hoy.
Sube la noche, sin dudar
y está sobre mi.
Pisando el sol,
pensando en vos,
es igual para mi al fin,
tu amor se secó en mi.
Quiebro mi cuerpo sin pensar
que estabas ahí.
Ciego por verte otra vez,
perdí la ilusión.
Hoy ya no estoy,
pensando en vos
es igual para mi al fin.
Tu amor se secó en mi.
Lisandro Aristimuño, sos un fenómeno.
27 diciembre, 2008
Cambio de Luces (Julio Cortazar)
Esos jueves al caer la noche cuando Lemos me llamaba después del ensayo en Radio Belgrano y entre dos cinzanos los proyectos de nuevas piezas, tener que escuchárselos con tantas ganas de irme a la calle y olvidarme del radioteatro por dos o tres siglos, pero Lemos era el autor de moda y me pagaba bien para lo poco que yo tenía que hacer en sus programas, papeles más bien secundarios y en general antipáticos. Tenés la voz que conviene, decía amablemente Lemos, el radioescucha te escucha y te odia, no hace falta que traiciones a nadie o que mates a tu mamá con estricnina, vos abrís la boca y ahí nomás media Argentina quisiera romperte el alma a fuego lento.
No Luciana, precisamente el día en que nuestro galán Jorge Fuentes al término de Rosas de ignominia recibía dos canastas de cartas de amor y un corderito blanco mandado por una estanciera romántica del lado de Tandil, el petiso Mazza me entregó el primer sobre lila de Luciana. Acostumbrado a la nada en tantas de sus formas, me lo guardé en el bolsillo antes de irme al café (teníamos una semana de descanso después del triunfo de Rosas y el comienzo de Pájaro en la tormenta) y solamente en el segundo martini con Juárez Celman y Olive me subió al recuerdo el color del sobre y me di cuenta de que no había leído la carta; no quise delante de ellos porque los aburridos buscan tema y un sobre lila es una mina de oro, esperé a llegar a mi departamento donde la gata por lo menos no se fijaba en esas cosas, le di su leche y su ración de arrumacos, conocí a Luciana.
No necesito ver una foto de usted, decía Luciana, no me importa que Sintonía y Antena publiquen fotos de Míguez y de Jorge Fuentes pero nunca de usted, no me importa porque tengo su voz, y tampoco me importa que digan que es antipático y villano, no me importa que sus papeles engañen a todo el mundo, al contrario, porque me hago la ilusión de ser la sola que sabe la verdad: usted sufre cuando interpreta esos papeles, usted pone su talento pero yo siento que no está ahí de veras como Míguez o Raquelita Bailey, usted es tan diferente del príncipe cruel de Rosas de ignominia. Creyendo que odian al príncipe lo odian a usted, la gente confunde y ya me di cuenta con mi tía Poli y otras personas el año pasado cuando usted era Vassilis, el contrabandista asesino. Esta tarde me he sentido un poco sola y he querido decirle esto, tal vez no soy la única que se lo ha dicho y de alguna manera lo deseo por usted, que se sepa acompañado a pesar de todo, pero al mismo tiempo me gustaría ser la única que sabe pasar al otro lado de sus papeles y de su voz, que está segura de conocerlo de veras y de admirarlo más que a los que tienen los papeles fáciles. Es como con Shakespeare, nunca se lo he dicho a nadie, pero cuando usted hizo el papel, Yago me gustó más que Otelo. No se crea obligado a contestarme, pongo mi dirección por si realmente quiere hacerlo, pero si no lo hace yo me sentiré lo mismo feliz de haberle escrito todo esto.
Caía la noche, la letra era liviana y fluida, la gata se había dormido después de jugar con el sobre lila en el almohadón del sofá. Desde la irreversible ausencia de Bruna ya no se cenaba en mi departamento, las latas nos bastaban a la gata y a mí, y a mí especialmente el coñac y la pipa. En los días de descanso (después tendría que trabajar el papel de Pájaro en la tormenta) releí la carta de Luciana sin intención de contestarla porque en ese terreno un actor, aunque solamente reciba una carta cada tres años, estimada Luciana, le contesté antes de irme al cine el viernes por la noche, me conmueven sus palabras y ésta no es una frase de cortesía. Claro que no lo era, escribí como si esa mujer que imaginaba más bien chiquita y triste y de pelo castaño con ojos claros estuviera sentada ahí y yo le dijera que me conmovían sus palabras. El resto salió más convencional porque no encontraba qué decirle después de la verdad, todo se quedaba en un relleno de papel, dos o tres frases de simpatía y gratitud, su amigo Tito Balcárcel. Pero había otra verdad en la posdata: Me alegro de que me haya dado su dirección, hubiera sido triste no poder decirle lo que siento.
A nadie le gusta confesarlo, cuando no se trabaja uno termina por aburrirse un poco, al menos alguien como yo. De muchacho tenía bastantes aventuras sentimentales, en las horas libres podía recorrer el espinel y casi siempre había pesca, pero después vino Bruna y eso duró cuatro años, a los treinta y cinco la vida en Buenos Aires empieza a desteñirse y parece que se achicara, al menos para alguien que vive solo con una gata y no es gran lector ni amigo de caminar mucho. No que me sienta viejo, al contrario; más bien parecería que son los demás, las cosas mismas que envejecen y se agrietan; por eso a lo mejor preferir las tardes en el departamento, ensayar Pájaro en la tormenta a solas con la gata mirándome, vengarme de esos papeles ingratos llevándolos a la perfección, haciéndolos míos y no de Lemos, transformando las frases más simples en un juego de espejos que multiplica lo peligroso y fascinante del personaje. Y así a la hora de leer el papel en la radio todo estaba previsto, cada coma y cada inflexión de la voz, graduando los caminos del odio (otra vez era uno de esos personajes con algunos aspectos perdonables pero cayendo poco a poco en la infamia hasta un epílogo de persecución al borde de un precipicio y salto final con gran contento de radioescuchas). Cuando entre dos mates encontré la carta de Luciana olvidada en el estante de las revistas y la releí de puro aburrido, pasó que de nuevo la vi, siempre he sido visual y fabrico fácil cualquier cosa, de entrada Luciana se me había dado más bien chiquita y de mi edad o por ahí, sobre todo con ojos claros y como transparentes, y de nuevo la imaginé así, volví a verla como pensativa antes de escribirme cada frase y después decidiéndose. De una cosa estaba seguro, Luciana no era mujer de borradores, seguro que había dudado antes de escribirme, pero después escuchándome en Rosas de ignominia le habían ido viniendo las frases, se sentía que la carta era espontánea y a la vez -acaso por el papel lila- dándome la sensación de un licor que ha dormido largamente en su frasco.
Hasta su casa imaginé con sólo entornar los ojos, su casa debía ser de esas con patio cubierto o por lo menos galería con plantas, cada vez que pensaba en Luciana la veía en el mismo lugar, la galería desplazando finalmente el patio, una galería cerrada con claraboyas de vidrios de colores y mamparas que dejaban pasar la luz agrisándola, Luciana sentada en un sillón de mimbre y escribiéndome usted es muy diferente del príncipe cruel de Rosas de ignominia, llevándose la lapicera a la boca antes de seguir, nadie lo sabe porque tiene tanto talento que la gente lo odia, el pelo castaño como envuelto por una luz de vieja fotografía, ese aire ceniciento y a la vez nítido de la galería cerrada, me gustaría ser la única que sabe pasar al otro lado de sus papeles y de su voz.
La víspera de la primera tanda de Pájaro hubo que comer con Lemos y los otros, se ensayaron algunas escenas de esas que Lemos llamaba clave y nosotros clavo, choque de temperamentos y andanadas dramáticas, Raquelita Bailey muy bien en el papel de Josefina, la altanera muchacha que lentamente yo envolvería en mi consabida telaraña de maldades para las que Lemos no tenía límites. Los otros calzaban justo en sus papeles, total maldita la diferencia entre ésa y las dieciocho radionovelas que ya llevábamos actuadas. Si me acuerdo del ensayo es porque el petiso Mazza me trajo la segunda carta de Luciana y esa vez sentí ganas de leerla enseguida y me fui un rato al baño mientras Angelita y Jorge Fuentes se juraban amor eterno en un baile de Gimnasia y Esgrima, esos escenarios de Lemos que desencadenaban el entusiasmo de los habitués y daban más fuerza a las identificaciones psicológicas con los personajes, por lo menos según Lemos y Freud.
Le acepté la simple, linda invitación a conocerla en una confitería de Almagro. Había el detalle monótono del reconocimiento, ella de rojo y yo llevando el diario doblado en cuatro, no podía ser de otro modo y el resto era Luciana escribiéndome de nuevo en la galería cubierta, sola con su madre o tal vez su padre, desde el principio yo había visto un viejo con ella en una casa para una familia más grande y ahora llena de huecos donde habitaba la melancolía de la madre por otra hija muerta o ausente, porque acaso la muerte había pasado por la casa no hacía mucho, y si usted no quiere o no puede yo sabré comprender, no me corresponde tomar la iniciativa pero también sé -lo había subrayado sin énfasis- que alguien como usted está por encima de muchas cosas. Y agregaba algo que yo no había pensado y que me encantó, usted no me conoce salvo esa otra carta, pero yo hace tres años que vivo su vida, lo siento como es de veras en cada personaje nuevo, lo arranco del teatro y usted es siempre el mismo para mí cuando ya no tiene el antifaz de su papel. (Esa segunda carta se me perdió, pero las frases eran así, decían eso; recuerdo en cambio que la primera carta la guardé en un libro de Moravia que estaba leyendo, seguro que sigue ahí en la biblioteca).
Si se lo hubiera contado a Lemos le habría dado una idea para otra pieza, clavado que el encuentro se cumplía después de algunas alternativas de suspenso y entonces el muchacho descubría que Luciana era idéntica a lo que había imaginado, prueba de cómo el amor se adelanta al amor y la vista a la vista, teorías que siempre funcionaban bien en Radio Belgrano. Pero Luciana era una mujer de más de treinta años, llevados eso sí con todas las de la ley, bastante menos menuda que la mujer de las cartas en la galería, y con un precioso pelo negro que vivía como por su cuenta cuando movía la cabeza. De la cara de Luciana yo no me había hecho una imagen precisa salvo los ojos claros y la tristeza; los que ahora me recibieron sonriéndome eran marrones y nada tristes bajo ese pelo movedizo. Que le gustara el whisky me pareció simpático, por el lado de Lemos casi todos los encuentros románticos empezaban con té (y con Bruna había sido café con leche en un vagón de ferrocarril). No se disculpó por la invitación, y yo que a veces sobreactúo porque en el fondo no creo demasiado en nada de lo que me sucede, me sentí muy natural y el whisky por una vez no era falsificado. De veras, lo pasamos muy bien y fue como si nos hubieran presentado por casualidad y sin sobreentendidos, como empiezan las buenas relaciones en que nadie tiene nada que exhibir o que disimular; era lógico que se hablara sobre todo de mí porque yo era el conocido y ella solamente dos cartas y Luciana, por eso sin parecer vanidoso la dejé que me recordara en tantas novelas radiales, aquella en que me mataban torturándome, la de los obreros sepultados en la mina, algunos otros papeles. Poco a poco yo le iba ajustando la cara y la voz, desprendiéndome con trabajo de las cartas, de la galería cerrada y el sillón de mimbre; antes de separarnos me enteré de que vivía en un departamento bastante chico en planta baja y con su tía Poli que allá por los años treinta había tocado el piano en Pergamino. También Luciana hacía sus ajustes como siempre en esas relaciones de gallo ciego, casi al final me dijo que me había imaginado más alto, con pelo crespo y ojos grises; lo del pelo crespo me sobresaltó porque en ninguno de mis papeles yo me había sentido a mí mismo con pelo crespo, pero acaso su idea era como una suma, un amontonamiento de todas las canalladas y las traiciones de las piezas de Lemos. Se lo comenté en broma y Luciana dijo que no, los personajes los había visto tal como Lemos los pintaba pero al mismo tiempo era capaz de ignorarlos, de hermosamente quedarse sólo conmigo, con mi voz y vaya a saber por qué con una imagen de alguien más alto, de alguien con el pelo crespo.
Si Bruna hubiera estado aún en mi vida no creo que me hubiera enamorado de Luciana; su ausencia era todavía demasiado presente, un hueco en el aire que Luciana empezó a llenar sin saberlo, probablemente sin esperarlo. En ella en cambio todo fue más rápido, fue pasar de mi voz a ese otro Tito Balcárcel de pelo lacio y menos personalidad que los monstruos de Lemos; todas esas operaciones duraron apenas un mes, se cumplieron en dos encuentros en cafés, un tercero en mi departamento, la gata aceptó el perfume y la piel de Luciana, se le durmió en la falda, no pareció de acuerdo con un anochecer en que de golpe estuvo de más, en que debió saltar maullando al suelo. La tía Poli se fue a vivir a Pergamino con una hermana, su misión estaba cumplida y Luciana se mudó a mi casa esa semana; cuando la ayudé a preparar sus cosas me dolió la falta de la galería cubierta, de la luz cenicienta, sabía que no las iba a encontrar y sin embargo había algo como una carencia, una imperfección. La tarde de la mudanza la tía Poli me contó dulcemente la módica saga de la familia, la infancia de Luciana, el novio aspirado para siempre por una oferta de frigoríficos de Chicago, el matrimonio con un hotelero de Primera Junta y la ruptura seis años atrás, cosas que yo había sabido por Luciana pero de otra manera, como si ella no hubiera hablado verdaderamente de sí misma ahora que parecía empezar a vivir por cuenta de otro presente, de mi cuerpo contra el suyo, los platitos de leche a la gata, el cine a cada rato, el amor.
Me acuerdo que fue más o menos en la época de Sangre en las espigas cuando le pedí a Luciana que se aclarara el pelo. Al principio le pareció un capricho de actor, si querés me compro una peluca, me dijo riéndose, y de paso a vos te quedaría tan bien una con el pelo crespo, ya que estamos. Pero cuando insistí unos días después, dijo que bueno, total lo mismo le daba el pelo negro o castaño, fue casi como si se diera cuenta de que en mí ese cambio no tenía nada que ver con mis manías de actor sino con otras cosas, una galería cubierta, un sillón de mimbre. No tuve que pedírselo otra vez, me gustó que lo hubiera hecho por mí y se lo dije tantas veces mientras nos amábamos, mientras me perdía en su pelo y sus senos y me dejaba resbalar con ella a otro largo sueño boca a boca. (Tal vez a la mañana siguiente, o fue antes de salir de compras, no lo tengo claro, le junté el pelo con las dos manos y se lo até en la nuca, le aseguré que le quedaba mejor así. Ella se miró en el espejo y no dijo nada, aunque sentí que no estaba de acuerdo y que tenía razón, no era mujer para recogerse él pelo, imposible negar que le quedaba mejor cuando lo llevaba suelto antes de aclarárselo, pero no se lo dije porque me gustaba verla así, verla mejor que aquella tarde cuando había entrado por primera vez en la confitería).
Nunca me había gustado escucharme actuando, hacía mi trabajo y basta, los colegas se extrañaban de esa falta de vanidad que en ellos era tan visible; debían pensar, acaso con razón, que la naturaleza de mis papeles no me inducía demasiado a recordarlos, y por eso Lemos me miró levantando las cejas cuando le pedí los discos de archivo de Rosas de ignominia, me preguntó para qué lo quería y le contesté cualquier cosa, problemas de dicción que me interesaba superar o algo así. Cuando llegué con el álbum de discos, Luciana se sorprendió también un poco porque yo no le hablaba nunca de mi trabajo, era ella que cada tanto me daba sus impresiones, me escuchaba por las tardes con la gata en la falda. Repetí lo que le había dicho a Lemos pero en vez de escuchar las grabaciones en otro cuarto traje el tocadiscos al salón y le pedí a Luciana que se quedara un rato conmigo, yo mismo preparé el té y arreglé las luces para que estuviera cómoda. Por qué cambiás de lugar esa lámpara, dijo Luciana, queda bien ahí. Quedaba bien como objeto pero echaba una luz cruda y caliente sobre el sofá donde se sentaba Luciana, era mejor que sólo le llegara la penumbra de la tarde desde la ventana, una luz un poco cenicienta que se envolvía en su pelo, en sus manos ocupándose del té. Me mimás demasiado, dijo Luciana, todo para mí y vos ahí en un rincón sin siquiera sentarte.
Desde luego puse solamente algunos pasajes de Rosas, el tiempo de dos tazas de té, de un cigarrillo. Me hacía bien mirar a Luciana atenta al drama, alzando a veces la cabeza cuando reconocía mi voz y sonriéndome como si no le importara saber que el miserable cuñado de la pobre Carmencita comenzaba sus intrigas para quedarse con la fortuna de los Pardo, y que la siniestra tarea continuaría a lo largo de tantos episodios hasta el inevitable triunfo del amor y la justicia según Lemos. En mi rincón (había aceptado una taza de té a su lado pero después había vuelto al fondo del salón como si desde ahí se escuchara mejor) me sentía bien, reencontraba por un momento algo que me había estado faltando; hubiera querido que todo eso se prolongara, que la luz del anochecer siguiera pareciéndose a la de la galería cubierta. No podía ser, claro, y corté el tocadiscos y salimos juntos al balcón después que Luciana hubo devuelto la lámpara a su sitio porque realmente quedaba mal allí donde yo la había corrido. ¿Te sirvió de algo escucharte?, me preguntó acariciándome una mano. Sí, de mucho, hablé de problemas de respiración, de vocales, cualquier cosa que ella aceptaba con respeto; lo único que no le dije fue que en ese momento perfecto sólo había faltado el sillón de mimbre y quizá también que ella hubiera estado triste, como alguien que mira el vacío antes de continuar el párrafo de una carta.
Estábamos llegando al final de Sangre en las espigas, tres semanas más y me darían vacaciones. Al volver de la radio encontraba a Luciana leyendo o jugando con la gata en el sillón que le había regalado para su cumpleaños junto con la mesa de mimbre que hacía juego. No tiene nada que ver con este ambiente, había dicho Luciana entre divertida y perpleja, pero si a vos te gustan a mí también, es un lindo juego y tan cómodo. Vas a estar mejor en él si tenés que escribir cartas, le dije. Sí, admitió Luciana, justamente estoy en deuda con tía Poli, pobrecita. Como por la tarde tenía poca luz en el sillón (no creo que se hubiera dado cuenta de que yo había cambiado la bombilla de la lámpara) acabó por poner la mesita y el sillón cerca de la ventana para tejer o mirar las revistas, y tal vez fue en esos días de otoño, o un poco después, que una tarde me quedé mucho tiempo a su lado, la besé largamente y le dije que nunca la había querido tanto como en ese momento, tal como la estaba viendo, como hubiera querido verla siempre. Ella no dijo nada, sus manos andaban por mi pelo despeinándome, su cabeza se volcó sobre mi hombro y se estuvo quieta, como ausente.¿Por qué esperar otra cosa de Luciana, así al filo del atardecer? Ella era como los sobres lila, como las simples, casi tímidas frases de sus cartas. A partir de ahora me costaría imaginar que la había conocido en una confitería, que su pelo negro suelto había ondulado como un látigo en el momento de saludarme, de vencer la primera confusión del encuentro. En la memoria de mi amor estaba la galería cubierta, la silueta en un sillón de mimbre distanciándola de la imagen más alta y vital que de mañana andaba por la casa o jugaba con la gata, esa imagen que al atardecer entraría una y otra vez en lo que yo había querido, en lo que me hacía amarla tanto.
Decírselo, quizá. No tuve tiempo, pienso que vacilé porque prefería guardarla así, la plenitud era tan grande que no quería pensar en su vago silencio, en una distracción que no le había conocido antes, en una manera de mirarme por momentos como si buscara, algo, un aletazo de mirada devuelta enseguida a lo inmediato, a la gata o a un libro. También eso entraba en mi manera de preferirla, era el clima melancólico de la galería cubierta, de los sobres lila. Sé que en algún despertar en la alta noche, mirándola dormir contra mí, sentí que había llegado el tiempo de decírselo, de volverla definitivamente mía por una aceptación total de mi lenta telaraña enamorada. No lo hice porque Luciana dormía, porque Luciana estaba despierta, porque ese martes íbamos al cine, porque estábamos buscando un auto para las vacaciones, porque la vida venía a grandes pantallazos antes y después de los atardeceres en que la luz cenicienta parecía condensar su perfección en la pausa del sillón de mimbre. Que me hablara tan poco ahora, que a veces volviera a mirarme como buscando alguna cosa perdida, retardaban en mí la oscura necesidad de confiarle la verdad, de explicarle por fin el pelo castaño, la luz de la galería. No tuve tiempo, un azar de horarios cambiados me llevó al centro un fin de mañana, la vi salir de un hotel, no la reconocí al reconocerla, no comprendí al comprender que salía apretando el brazo de un hombre más alto que yo, un hombre que se inclinaba un poco para besarla en la oreja, para frotar su pelo crespo contra el pelo castaño de Luciana.
Julio Cortazar
De Alguien que anda por ahí
Cortázar, Julio; Cuentos completos 2, Buenos Aires, Alfaguara, 1996
22 diciembre, 2008
21 octubre, 2008
16 septiembre, 2008
Recuerdo - Ismael Serrano
con noticias asesinas me tomo el desayuno.
Camino del trabajo en el metro
aburrido vigilo las caras de los viajeros
compañeros en la rutina y en los bostezos.
Y en el asiento de en frente,
un rostro de repente,
claro ilumina el bagon
en sus gestos traen recuerdos,
de otros paisajes otros tiempos
en los que una suerte mejor me conocio.
No me atrevo a decir nada,
no estoy seguro,
aunque esos ojos sin duda son los suyos,
mas cargados de nostalgia, quizas mas oscuros
Pero creo que eres tu, y estas casi igual
tan hermosa como entonces, quizas mas
sigues pareciendo la chica mas triste de la ciudad.
Cuanto tiempo ha pasado desde los primeros errores?
Del interrogante en tu mirada?
La ciudad gritaba y maldecia nuestros nombres,
jovenes promesas, no, no teniamos nada.
Dejando en los portales
los ecos de tus susurros,
buscando cualquier rincon sin luz,
agarrate de mi mano,
que tengo miedo del futuro,
y detras de cada huida estabas tu, estabas tu.
En las noches vacias,
en que regreso,
solo y malherido, todavia me arrepiento
de haberte arrojado, tan lejos de mi cuerpo.
Y ahora que te encuentro,
veo que aun arde, la llama que encendiste,
nunca, nunca es tarde,
para nacer de nuevo, para amarte.
Debo decirte algo,
antes de que te bajes,
de este sucio bagon y quede muerto,
mirarte a los ojos y tras de recordarte,
que antes de rendirnos, fuimos eternos.
Me levanto decidido y me acerco a ti,
y algo en mi pecho se tensa, se rompe.
Como estas?
Cuanto tiempo te acuerdas de mi?
y una sonrisa timida responde:
Perdone, pero creo que se ha equivocado,
disculpe señorita, me recuerda tanto
a una mujer que conoci hace ya algunos años.
Mas viejo y mas cansado vuelvo a mi asiento,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos
04 septiembre, 2008
Carajo
Me parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece"
yo no aseguro nada.
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Carajo, tengo que dejar de apostar a números imposibles de sacar...
o de pedir otra carta con 20 puntos
También, nico, cortala con esa mariconeada de que el amor y la puta que lo parió
Cuando te la jugás, es porque te la jugás...
Cuando abandonás sos un boludo
y peor es cuando te involucrás de más...
Menos mal que "perseverar es triunfar"
Sino ya no tendría solución..
Idiota!
23 julio, 2008
Girondeense - Mito
Mito
mito mío
acorde de luna sin piyamas
aunque me hundas tus psíquicas espinas
mujer pescada poco antes de la muerte
aspirosorbo hasta el delirio tus magnolias calefaccionadas
cuanto decoro tu lujosísimo esqueleto
todos los accidentes de tu topografía
mientras declino en cualquier tiempo
tus titilaciones más secretas
al precipitarte
entre relámpagos
en los tubos de ensayo de mis venas.
(Encontré el poema que debí haber encontrado hace 2 meses...y no es este)
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(odiolosmalesdeamoresaunquetambienmegustandemasiado)
(odioodiarlosperotambienodioquererlos)
(odioeltiempolibreyodiolaputamente)
26 mayo, 2008
Al 26/05/08
Creyendo saber en que casillero me encontraba y cuales eran los grandes y dulces placeres de la vida perdí el rastro de tu tristeza.
Quizá caminar a la deriva por un boedo barrio, gritar con muchas fuerzas un Nene de Antes y tomar más del mismo mate no te devuelvan lo que perdiste, ESTUPÎDO, ESTUPIDÔ...
Oh dios, cuando realmente pensaba que te habías acordado de mí....
hoy tengo que escribir esto, para sentirme bien...
¿NO VES? E_L_ TAMBIÉN _ _ _ _ _ ESTO...
¿¿ME LO HACES A PROPÓSITO??
no entiendo...
NO entiendo
ENTENDÉS QUE NO ENTIENDO??
si, si, si, si, ya se...el destino, y la mar en coche...
¿¿SABES QUE, DESTINO??
PUDRITE
05 mayo, 2008
22 diciembre, 2007
15 agosto, 2007
Avellaneda
El Cabezón y Martín son primos, se criaron juntos y son como carne y uña. Cuando uno estornuda el otro se limpia la nariz. No saben muy bien lo que es la simbiosis, pero ellos son un ejemplo perfecto de unidad. El Cabezón y Martín acarician los treinta, pero no se nota. Es que uno arrastra parte de una acné que lo persiguió de adolescente y con eso disimula, mientras que el otro, con una moral de fierro se ríe de su pelada incipiente y hace milagros con el gel. Salen a bailar juntos, tienen idéntico grupo de amigos y manejan los mismos códigos.
Martín entró rápido, sabía que el rojo llevaría "una banda de aquellas" y entonces quería tener una buena ubicación en esa popular que ya estaba nutrida. El Cabezón respetó sus cábalas aún yendo contra ese domingo que recién se estaba desperezando, y por eso contrariando el horario compró el chori sin pensar en sus efectos . "Todo sea por la Academia" pensó, y le metió para adelante. Después se confundió entre la gente y celebró la puesta en escena de la hinchada con banderas y globos.
El complemento los aburrió como a todos. Solo la elegancia de Pellerano sacó del tedio al Cabezón y la chance clarita de Denis hizo que Martín se encendiera nuevamente.
El resto fue pensar lo mismo que los jugadores y arriesgar poco para la victoria, si el riesgo era terminar con una derrota.El final los encontró a los dos gritando como desaforados. Los separaban más de cien metros pero los igualaba la pasión. Uno le gritaba por las copas obtenidas, el otro lo verdugueaba por el transitorio alquiler de su cancha .
Una hora después del cierre, se encontraron en el mismo lugar del que habían partido y como les pasa siempre en los últimos tiempos, empezaron hablando del partido, para rápidamente empezar e recordar la rica historia de ambos. Concluyeron que la fiesta estuvo afuera, que los recuerdos inolvidables son los peores enemigos de la actualidad de los dos y que en momentos en los que hay que tener calma, lo único que no tendrán los técnicos será tiempo para trabajar tranquilos. La pizzería los esperaba y el olor de la fugazza ya los estaba llamando. El domingo era todo para ellos y el sol era una maravilla. Valía la pena aprovecharlo,y olvidar lo que pasó, porque a la Avellaneda futbolera hace tiempo que la invade un eclipse.05 agosto, 2007
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Has visto un ciclo en televisión de cine en tiempos de Franco
yo soy aquel chaval que creció en la fila de losmancos.
Si un dedo acariciaba una pierna, un cuello, unsujetador
bramaba la temible linterna del acomodador.
Ella tenía catorce abriles en canal
sobre la rodilla rebeca para disimular.
Aquel sabor a chocolatina, a piel, saliva y sudor
la carne de gallina me pone en el corazón.
En pantalla Dalila cortaba el pelo al cero a Sansón
y en la última fila del cine, con calcetinesaprendimos tú y yo.
Juegos de manos, a la sombra de un cine de verano.
Juegos de manos, siempre daban una de romanos.
Era condición esencial organizar bien el modo
de entrar en la semioscuridad blanca y negra delNo-do.
Y mientras en el circo un león se merendaba a uncristiano
la nena se dejaba besar que no la pille suhermano.
Si estrenaban Cleopatra y pedían el carnet
yo iba con corbata y pomada que cura el acné.
Hasta que aquella bici de mi niñez se fuequedando sin frenos
y en la peli que pusieron después nunca ganabanlos buenos.
[Una De Romanos Lyrics on http://www.lyricsmania.com]
Y mientras en pantalla prendía fuego a Roma Nerón
contra la última valla del cine y en calcetinesaprendimos tú y yo.
(Estribillo)
Hoy que todos andan con videos porno americanos
para ver contigo me alquilo una de romanos...
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Perdón. Escaso de ideas y con mucha información en mi cabeza.
29 junio, 2007
Operación Masacre, horror y clandestinidad.
En ese año el país se encontraba bajo el mando del gobierno de facto que había destituido al general Perón, al frente de este estaba el general Aramburu. Este gobierno de facto quedo en la historia nacional por varios motivos que si bien pudieron haber sido efectuados por cualquiera de los otros cinco golpes de estado que sufrió la argentina en el sigo XX (1930 José Félix Uriburu, 1943 Juan Domingo Perón, 1962 José Maria Guido, 1966 Juan Carlos Ongania y 1976 José Rafael Videla) tuvieron lugar en este mandato. Por ejemplo:
- En el gabinete del nuevo gobierno se produjeron cambios sustanciales respecto al anterior
- En el ámbito económico, Argentina ingresó al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. Se realizó y se finalizó una buena cantidad de obra pública, como, por ejemplo, la Usina de San Nicolás, en 1957.
- Se promovió la industrialización de la Patagonia.
- Se le cambió el nombre a la Universidad Tecnológica Nacional (que durante el gobierno de Perón se llamaba Universidad del Trabajo).
- Respecto a la Constitución Nacional, el gobierno de facto de Aramburu declaró derogada la reforma de 1949 , y convocó a elección de convencionales para que la Convención Constituyente reformara la Constitución sancionada en 1853
- En 1956, un grupo de militares nacionalistas y peronistas se alzó contra el gobierno de facto de Aramburu, liderados por el general Juan José Valle. El levantamiento fracasó y fueron fusilados. La decisión de fusilar a Valle respondió a una orden directa de Aramburu. Los civiles que participaron fueron fusilados ilegalmente por decisión propia del jefe de policía, coronel Desiderio Fernández Suárez
A partir de este último suceso Rodolfo Walsh realizó una investigación la cual quedó documentada en el libro “Operación Masacre”, libro que pasaremos a analizar a continuación.
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La Edición:
Empezaremos hablando del diseño de la tapa y los detalles de la entrega por parte de “Editorial de La Flor”: El libro, cuenta con un diseño de tapa donde se muestra a un grupo de personas de rodillas y un hombre tirado en el piso, dando la impresión de que ha sido fusilado. A esta gente se la ve como “entregada” a un fusil que asoma de la parte derecha de la tapa. Nos da toda la impresión de que están siendo amenazados o directamente asesinados por este fusil maldito. A simple vista la parte que más nos llama la atención es una persona vestida de blanco y con los brazos abiertos. La apariencia de todos deja bastante en claro de que estamos hablando de obreros.
En la parte superior de la tapa tenemos el nombre del autor (“Rodolfo Walsh”) en letras blancas. Debajo del nombre del autor aparece con letras rojas el titulo de la obra (“Operación Masacre”) en letras rojas y haciendo alusión a la sangre. El detalle grafico del titulo es la “o” de operación, que representa un disparo y la tilde sangre que sale al impactar.
En la contratapa vemos una foto del autor, en el ángulo superior derecho del libro, una breve reseña histórica, algunos datos importantes del libro y las repercusiones que tuvo el libro al salir. Debajo de esto una breve biografía de Rodolfo Walsh.
Dentro del libro nos encontramos con una introducción al autor por parte de Osvaldo Bayer con el titulo “Rodolfo Walsh: Tabú y Mito”. Osvaldo Bayer habla de Rodolfo Walsh como una persona en la que gran parte de su vida se resume en: Conciencia. Podríamos hablar de Rodolfo Walsh como una persona absolutamente valiente pero sin llegar a la exageración de un héroe: “El tampoco es el héroe de la película sino solamente un hombre que se anima”. Las palabras de Osvaldo Bayer nos ayudan a comprender quien era este desaparecido, apresado y fusilado por las fuerzas armadas años después. Este nos resume muy bien lo que fue Operación Masacre en un contexto social turbio: plena epoca de dictaduras, lo cual llevo al autor al fusilamiento, Bayer nos dice “Operación Masacre es el prologo de la tragedia que vendrá después. Aramburu y Rojas serán el prologo de Videla y Massera. Rodolfo Walsh se convertirá en testigo protagonista. Será asesinado a balazos, como sus personajes de José León Suárez. Nuestra sociedad aplaude frenética a nuestros intelectuales que cumplen ochenta años y nos han ayudado tanto a tener siempre prestos el punto final y la obediencia de vida”. Y en cuanto a Rodolfo Walsh nos agrega: “Rodolfo Walsh no existe. Es sólo un personaje de ficción. El mejor personaje de la literatura argentina. Apenas un detective de una novela policial para pobres. Que no va a morir nunca”
El Libro:
Para empezar deberíamos saber que esta historia apareció publicada en el periódico “Revolución Nacional” entre el 15 de Enero y fines de Marzo de 1957. En seis artículos.
También en la revista “Mayoría”, del 27 de mayo al 29 de Julio de 1957: en un total de nueve notas.
El libro está dedicado a “Enriqueta Muñiz”. Luego nos muestra una frase textual dicha por el Comisario Inspector “Rodolfo Rodríguez Moreno” que dice: “Agrega el declarante que la comisión encomendada era terriblemente ingrata para el que habla, pues salía de todas las funciones específicas de la policía”.
Empieza con un prologo escrito por el autor donde nos comienza explicando la manera en que comenzó a investigar el caso, utilizando muy claramente el método de Observación Participante: “La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me llegó en forma casual (…), seis meses antes, nos había sorprendido una medianoche el cercano tiroteo con que empezó el asalto al comando de la segunda división y al departamento de la policía, en la fracasada revolución de Valle”. Este método de investigación lo utiliza en gran parte del libro, ya que nuestro autor, de clara inclinación a la izquierda política, nos cuenta sus movimientos frente a las denuncias llevadas acabo a partir de la investigación realizada.
El libro está dividido en tres partes:
Primera Parte: Las Personas.
En esta primera parte del libro, Walsh, nos introduce más de lleno en la historia contándonos de una manera muy literaria quiénes eran cada uno de los fusilados (Juan Carlos torres, Horacio Di Chiano, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Miguel Angel Giunta, Rogelio Díaz, Carlos Lisazo, Mario Brión, Norberto Gavino, Juan Carlos Livraga, Vicente Damián Rodríguez), como fue que llegaron a la casa del fondo de Horacio Di Chiano.
Claramente, el autor, utilizó el método de investigación Cuantitativo, ya que encuentra la forma en que se entrelazan todas las historias, las cuales terminan en la gran tragedia.
Segunda Parte: Los Hechos:
Aquí, el autor, comienza a desarrollar la manera en la que transcurrieron los hechos. Utiliza un método clásico: Las Entrevistas.
De esta manera empezamos a enterarnos que fue lo que realmente pasó aquella noche del 9 de junio de 1956. Comenzamos a conocer a los implicados en el caso, tanto militares como policías, y el papel que cumplía cada uno de ellos. Rodolfo Walsh logra introducirnos en la lectura del libro combinando todo tipo de persona implicada en el caso y llegando al momento de la tragedia de una manera muy particular: “Por el borde del baldío hacen caminar a los detenidos. Los vigilantes los empujan con los cañones de los fusiles. La camioneta entra en la calle y les alumbra las espaldas con los faros. Ha llegado el momento.”. Luego de estas palabras tan trágicas llega el momento del fusilamiento y aquí la historia cambia de rumbo, para demostrar la forma en que Walsh nos introduce en el momento llegando, incluso, a hacernos transpirar en el momento de la lectura…este fragmento de los momentos posteriores al fusilamiento habla por si solo: “No los ve pero sabe que le apuntan a la nuca. Esperan un movimiento. Tal vez ni eso. Tal vez le tiren lo mismo. Tal vez les extrañe justamente que no se mueva. Tal vez descubran lo que es evidente, que no está herido, que de ninguna parte le brota sangre. Una nausea espantosa le surge del estómago. Alcanza a estrangularla en los labios. Quisiera gritar. Una parte de su cuerpo -las muñecas apoyadas como palancas en el suelo, las rodillas, las puntas de los pies- quisiera escapar enloquecida. Otra -la cabeza, la nuca- le repite: no moverse, no respirar.”. Los sobrevivientes de la masacre viven un momento obvio de tensión y pasan por cosas terribles ya que a los asesinos no les sirve, por claras razones, que haya gente protagonista de semejante desgracia. La policía comienza una búsqueda de estos y con torturas esconden a los implicados, prohibiéndoles incluso de comida.
Tercera Parte: La Evidencia:
En la tercera y última parte del libro se hace más hincapié en la parte legal y judicial del caso, Walsh consta de documentos directos. Comienza mas a fondo los estilos Cualitativos, ya que Walsh toma gran parte del trabajo de denuncia del caso. También figura en gran parte de “La Evidencia” el nombre de Livraga y con respecto a esta persona hay una parte muy interesante donde muestra claramente que La Policía negaba los hechos: “Los hechos que relato en este libro fueron sistemáticamente negados, o desfigurados, por el gobierno de la Revolución Libertadora. La primera versión oficial es el telegrama dirigido al padre de Livraga, el 12 de Junio de 1956, por el jefe de la Casa Militar, capitán Manrique, donde se dice que Juan Carlos Livraga fue “herido durante un tiroteo”
Después de las tres partes del libro tenemos los Apéndices del mismo:
Apéndices:
“Operación” En el Cine:
En 1971 Jorge Cedrón decidió filmar “Operación Masacre”. Estas filmaciones fueron bajo la clandestinidad que la dictadura de Lanusse impuso a la mayoría de las actividades políticas y a algunas actividades artísticas. La película fue proyectada en todos los barrios sin que la policía lo supiera, no lograron ver una copia de estas. Esto sucedió gracias a agrupaciones políticas y sociales, estudiantiles y sindicales, peronistas.
Luego, en esta parte del libro, contamos con una serie de Prólogo, Introducción, Apéndice y Epílogo, históricos del libro, de ediciones anteriores y una “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”, la cual consta de cosas muy interesantes para analizar:
Esta comienza de una manera muy particular, “La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la perdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.”. Podemos notar las cosas que debió sufrir Rodolfo Walsh tan solo por pelear contra la injusticia y la ambición de unos pocos que son capases de utilizar cualquier tipo de medios para lograr poder y dinero.
Esperemos que hoy, año 2007, podamos gritar para siempre:
NUNCA MÁS
27 junio, 2007
22
Desde hace siglos, se conocen diversos medios para protegernos contra las primeras.
Se sabe, por ejemplo, que una fricción de trementina después del baño, logra en la mayoría de los casos inmunizarnos; pues lo único que les gusta a las mujeres vampiro es el sabor marítimo de nuestra sangre, esa reminiscencia que perdura en nosotros, de la época en que fuimos tiburón o cangrejo.
La imposibilidad en que se encuentren de hundirnos su lanceta en silencio, disminuye, por otra parte, los riesgos de un ataque imprevisto. Basta con que al oírlas nos hagamos los muertos para que después de olfatearnos y comprobar nuestra inmovilidad, revoloteen un instante y nos dejan tranquilos.
Contra las mujeres de sexo prehensil, en cambio, casi todas las formas defensivas resultan ineficaces. Sin duda, los calzoncillos erizables y algunos otros preventivos, pueden ofrecer sus ventajas; pero la violencia de honda con que nos arrojan su sexo, rara vez nos da tiempo a utilizarlos, ya que antes de advertir su presencia, nos desbarrancan en una montaña rusa de espasmos interminables, y no tenemos más remedio que resignarnos a una inmovilidad de meses, si pretendemos recuperar los kilos que hemos perdido en un instante.
Entre las creaciones que inventa el sexualismo, las mencionadas, sin embargo, son las menos temibles. Mucho más peligrosas, sin discusión alguna, resultan las mujeres eléctricas, y esto, por un simple motivo: las mujeres eléctricas operan a distancia.
Insensiblemente, a través del tiempo y del espacio, nos van cargando como un acumulador, hasta que de pronto entramos en un contacto tan íntimo con ellas, que nos hospedan sus mismas ondulaciones y sus mismos parásitos.
Es inútil que nos aislemos como un anacoreta o como un piano. Los pantalones de amianto y los pararrayos testiculares son iguales a cero. Nuestra carne adquiere, poco a poco, propiedades de imán. Las tachuelas, los alfileres, los culos de botella que perforan nuestra epidermis, nos emparentan con esos fetiches africanos acribillados de hierros enmohecidos. Progresivamente las descargas que ponen a prueba nuestros nervios de alta tensión, nos galvanizan desde el occipucio hasta las uñas de los pies. En todo instante se nos escapan de los poros centenares de chispas que nos obligan a vivir en pelotas. hasta que el día menos pensado, la mujer que nos electriza intensifica tanto sus descargas sexuales, que termina por electrocutarnos en un espasmo lleno de interrupciones y de cortocircuitos.
06 junio, 2007
Ultima carta a mi gran amor.
Hoy soy un fantasma, aunque la palabra fantasma no me guste, prefiero que me llamen “Ángel”. Como mi nombre, Ángel.
Eva, fue tan lindo hacer todo lo que hice, sentí por fin lo que había querido sentir toda mi vida. Te amaba. Aunque hay algo que no me gustó tanto, no tenias por que llorar así, era mi destino, vos eras mi destino y sin embargo nunca logré ganar tu amor por completo, siempre había algo que no nos dejaba ser feliz, pero por suerte ya está, ahora si que soy un ángel, TU ángel.
Hoy, ¿Qué te puedo decir? Es muy lindo esto, pero faltas vos Eva, le darías mas color a la eternidad, a todo esto tan blanco.
Espero que puedas entenderme, todavía sos chica, nos encontraremos en unos cincuenta años aquí, adonde empiezo a esperarte y adonde te esperaré todo lo que haga falta. Aunque no me quieras, aunque sea uno más o aunque todo lo que puedas decir sea “no me di cuenta”.
Eva, no te castigues.
Eva, siendo un ángel, todavía te amo.
03 mayo, 2007
Me dolería ser historia para lo que en la adolescencia me acompañó.
Es cierto. Se necesita cambiar.
Pero que el cambio no sea brusco.
Porque todavía tengo mucho para dar.
Cómo seré de grande?
Cuál será mi misión?
Tan solo vivir me queda.
Sin perder la alegría. Sin perder la diversión.
Quizá no logre encontrar el mensaje que las canciones intentan transmitir. Estas palabras fueron las únicas que me despertó la letra del tango Acquaforte. Lo que no dudo, de ninguna forma, es que ningún plan de vida, ninguna persona proyecta para su futuro algo similar a la historia contada en dicho tango.
Con un poco de suerte se puede ser grande siendo también adolescente, haciendo referencia a la alegría que estos tienen o la facilidad de diversión, sin dejar de lado las obligaciones o problemas de un adulto.
¡Cuidado, esto fue escrito por un adolescente!
14 abril, 2007
morir sonriendo.
Y las ganas de que sea mañana
Y pensas por que hoy se termina.
Y sonreís sin darte cuenta.
Y lo que alguna vez soñaste aparece
Y te parte al medio
Como un árbol castigado por un rayo.
Y soñaste con ella.
Y soñaste con tu futuro.
Y creíste que no serias nadie
Y ves que podes llegar a serlo.
Sin darte cuenta, sin saberlo.
Y sentís ansiedad, pero de la linda.
Y tenés que ser paciente,
Pero como serlo?
Cuando todo lo que querés en la vida
Esta a unos pocos metros.
morir sonriendo.
hermoso creerlo.
